HISTORIA 2020-02-27T00:13:15+00:00

El 11 de enero de 1974 se fundó en la capital tachirense, bajo el nombre de Deportivo San Cristóbal y tras varios años de competencia en el balompié de Primera División y cambios en su identificación, se afianzó bajo el nombre de Deportivo Táchira F.C.

Sus inicios fueron en la Copa “X Feria de San Sebastián” donde venció en el debut a la selección de Mérida y luego empató con Norte de Santander, para proclamarse campeón del torneo.

El transitar por la ruta profesional inició el 1° de marzo de 1975, cuando enfrentó a Universidad de Oriente por la Copa Venezuela. En esa ocasión, la escuadra andina logró el subcampeonato, luego de superar a Portuguesa F.C., uno de los equipos más duros de la época.

Dicho logro significó el motivo por el cual el cuadro aurinegro asumió durante su vida el honor de ser conocido como “El equipo que nació Grande”.

Ese mismo año, surgió una rivalidad deportiva que se mantiene en la actualidad, con Estudiantes de Mérida F.C., siendo conocido como el clásico andino.

El 16 de marzo de 1975 en el estadio “Guillermo Soto Rosa” de Mérida por la Copa Venezuela, el cual finalizó con marcador de 3-2 a favor de los emeritenses.

Entretanto, el primer clásico en el campeonato nacional se jugó el 15 de junio de 1975, en el cual los tachirenses obtuvieron la victoria por 1-0 gracias a un gol anotado por el uruguayo Jorge Silvera al minuto 59.

Esta vieja rivalidad fue dando paso progresivamente a otras, dependientes de las realidades deportivas del momento.

Es así como en la década del 80’, se generó el clásico con el Club Sport Marítimo de Venezuela el cual se mantuvo hasta la desaparición de la institución lusa en 1995.

Posteriormente, se concretó la rivalidad que se mantiene con el Caracas F.C., el cual se consolidó con la llegada del nuevo milenio.

El arraigo del Deportivo San Cristóbal entre el pueblo tachirense fue creciendo cada vez más.

El equipo se convertía progresivamente en el estandarte representativo del gentilicio del Táchira y el sentimiento de identidad arrastraba a una fanaticada que se extendía por todo el territorio nacional.

Obligado a la atender dicho fervor, el cuadro pasó a denominarse Deportivo Táchira en 1978, complaciendo así la demanda de cientos de poblados, municipios y caseríos que dibujan la geografía regional.

Cinco años después de su fundación, el domingo 9 de diciembre de 1979, el ahora Deportivo Táchira arribaba a la primera gran cita con la historia de la mano del técnico uruguayo Esteban Beracochea, en un final frenético de temporada ante Estudiantes de Mérida, duelo que terminó con un abultado 5-0 favorable a los atigrados, convirtiéndose en uno de los episodios memorables de la historia aurinegra. Con el estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal a reventar, se escribiría así la primera gran página de la institución con el inédito título de Campeón absoluto

El oriundo de Montevideo rememora esa justa que dejaría la primera estrella para el Carrusel Aurinegro: “Fue contra Estudiantes de Mérida, había una presión y un nerviosismo tremendo porque hasta el momento no habíamos ganado nada. Necesitábamos salir campeones y fue muy difícil, a pesar de que había un plantel muy bueno, pero con unas características distintas a lo que fue después en el 81, en el 79 fue más corazón que fútbol”.

Tras el resultado sin precedentes, la alegría se desató en las tribunas del Templo Sagrado del fútbol venezolano. Parte del público invadió la cancha celebrando con los jugadores, flameando las banderas y llorando de alegría por la consecución de la primera gloria aurinegra.

“El recuerdo de dar la vuelta olímpica al equipo la primera vez”, es la imagen imborrable de todo este campeonato para Esteban Beracochea: “Yo soy muy tímido y nunca me gustó fotografiarme con el equipo, quería ser anónimo, en esa oportunidad que el equipo empezó a dar la vuelta los jugadores me llamaban y yo no quise, lo observaba con mi madre al lado y decía esto es imborrable, Dios y la Virgen Santísima me premiaron, son cosas que uno lo puede pensar o pronosticar, pero de ahí a la realidad es difícil”, cierra una de las memorias más hermosas de la historia amarilla y negra.

El 29 de noviembre de 1981, Esteban Beracochea y sus dirigidos arribaron a su cita particular con el destino para obtener el Segundo Campeonato ante Portuguesa F.C. y así dar otro paso adelante en aquella imborrable histórica tarde. El cuadro aurinegro tuvo en ese periplo a tres técnicos: comenzó dirigiendo Nelson Silva Pacheco, uruguayo que había jugado en el equipo poco tiempo antes y había logrado el Sub-campeonato de Copa Venezuela, le dio paso a su compatriota “Poroto” Brito, quien tras desavenencias con la Directiva del equipo, fue cesado para brindarle de nuevo la confianza a Beracochea.

Aquel día en Acarigua, 29 de noviembre de 1981, el discurso de Esteban Beracochea antes de salir al campo fue claro para obtener uno de los grandes logros del Carrusel Aurinegro: “El compromiso ya está dado, ya estamos en la Copa Libertadores pero el orgullo y el honor de un equipo de fútbol es el de ser campeón, nosotros tenemos todas las condicionantes dadas para eso, no juguemos presionados pero sí con el deber de darle a la hinchada de Táchira otra estrella”, relata Esteban Beracochea sobre su arenga a aquella escuadra de leyenda.

La segunda gran alegría del Deportivo Táchira F.C. dejó una celebración histórica tras el regreso del Carrusel Aurinegro del estado Portuguesa. La caravana de júbilo duró más de cuatro horas desde Vega de Aza hasta la capital del estado Campeón.

Una plantilla con grandes nombres que serán imposibles de olvidar por su legado y que, según el D.T. de esta gesta deportiva, este equipo tenía “mucha mística, mucha responsabilidad, mucho profesionalismo. Eran jugadores que dejaban el alma en la cancha, jugadores de buen nivel que siempre lo dieron todo”, describiendo así la historia de esta fantasía que sigue viva domingo a domingo.

Elevado a la palestra internacional por sus participaciones en la Copa Libertadores de América y su presencia como favorito en los campeonatos locales, además de la obtención de la Copa Venezuela (1982), Copa Bicentenario del Libertador (1983) y Copa Almirante Brión (1983), el 18 de noviembre de 1984 el Deportivo Táchira FC alcanzaba el tricampeonato bajo el mando del técnico argentino Carlos Horacio Moreno, tras una remontada inolvidable.

“Fue una semana bastante complicada, jugamos en Caracas contra el Portugués y nos avisaron que el miércoles teníamos que repetir un partido contra la ULA, con quienes jugábamos el próximo domingo de local, por ello el miércoles tuvimos que ir a Mérida, algo que no teníamos previsto”, inicia Carlos Moreno al rememorar el arduo recorrido de aquella ruta para conseguir el tercer título.

El partido en Mérida terminó “con triunfo, ganamos 1-0 con gol de Carlitos Maldonado y las cosas se nos acomodaron, después teníamos que ganar obligatoriamente el domingo en Pueblo Nuevo también contra la ULA”, puntualiza el DT argentino, sobre el segundo triunfo con marcador final de 3-2.

“A la hora de la verdad cuando se gana el partido, el sufrimiento se ve recompensado, nos cobramos con alegría un campeonato. A pesar de todas las vicisitudes, la satisfacción de haberle dado a Táchira la tercera estrella se cumplió con un montón de obstáculos”, indica el entrenador rememorando el primero del bicampeonato conseguido en la década dorada de los 80´ para el Deportivo Táchira F.C.

La década de los ochenta fue sin duda la más prolífica en la historia del Carrusel Aurinegro. El 31 de mayo de 1986, de nuevo, con Carlos Horacio Moreno en el banquillo, el ahora Unión Atlético Táchira (producto de la fusión en ese mismo año entre Deportivo Táchira y el Atlético San Cristóbal, lo que también provocó la modificación de los colores de su camiseta que ahora mezclaba el naranja con el negro), conjugó a los jugadores de los dos equipos más importantes del estado Táchira, resultando en una poderosa máquina de fútbol preciosista, que rubricó con una victoria en la capital ante Caracas F.C. el título merecido a uno de los cuadros que marcó época en la historia del fútbol venezolano.

“Este equipo fue producto de la unión entre Deportivo Táchira que fue el equipo que se fusionó con Atlético San Cristóbal para dar paso al Unión Atlético Táchira, la directiva que quedó decidió dejarme a mí en el cargo de entrenador, entonces decidimos armar un equipo con los mejores jugadores de ambos clubes, formando un conjunto muy competitivo para pelear el campeonato”.

Su principal engranaje en la mitad de la cancha estaba compuesta por William Méndez, Laureano Jaimes y Carlos Maldonado. “Lo de ellos tres se fue logrando desde el comienzo, se confeccionó también junto a Nieto, lográndose una mitad del campo que fue la bandera del equipo, y a medida que pasó el tiempo se logró consolidar al punto que duró hasta el 89´ donde terminé de dirigir”.

“Para mí dirigir Deportivo Táchira fue algo increíble, y más aún lograr estos triunfos, fue como agarrar el Real Madrid debutando como entrenador; además del afecto de la gente en mi día a día, todavía se recuerda ese equipo, es algo impagable, fruto del buen trabajo hecho en Táchira”.

Luego de la conquista alcanzada en 1986 y el cambio de color de uniforme (en 1987 regresó el amarillo y negro), el Unión Atlético Táchira se convirtió en un animador constante de la puja por el título. 4 Subcampeonatos entre 1986 y 2000 con planteles altamente competitivos, significaba poca cosa para una afición que se había acostumbrado a ganar y que, hasta el sol de hoy, es la más exigente del país. Habitual participante en la Copa Libertadores de América, algo seguía faltando para hacer de nuevo a Táchira campeón. El equipo recobró el nombre de Deportivo Táchira y bajo el formato de Torneo Apertura y Clausura, más Cuadrangular Final, bajo el mando del experimentado técnico uruguayo Walter “Cata” Roque, el equipo dominó de principio a fin, con números impresionantes, conquistando los dos torneos cortos y un Cuadrangular Final.

“El entorno del equipo lo fueron dando los mismos jugadores a medida que se iba dando el campeonato. Siempre digo que esos muchachos eran buenos futbolistas dentro de la cancha y afuera de ella eran crack´s de la vida”, inicia el entrenador uruguayo recordando con agrado el grupo humano que conquistó el titulo después de 14 años sin una celebración atigrada.

“Tenían la voluntad de hacer las cosas, siempre estaban enfocados en los objetivos y hoy lo reflejan siendo grandes personas”, puntualiza “Cata”, además guarda en sus memorias cada uno de los guerreros campeones de la quinta estrella. “De ese equipo tengo muy buenos recuerdos, desde (Gilberto) Angelucci hasta los muy buenos juveniles que teníamos, quienes se comportaban como los experimentados”.

Diversos fueron los factores que hicieron posible tantos logros en la temporada 99-2000, y el siempre recordado “Cata” Roque los mantiene claros entre sus gratos recuerdos. “Ese año lo ganamos todo, Apertura, Clausura y Cuadrangular Final; siempre digo que todo en el fútbol se puede lograr con la disposición que tuvimos durante ese torneo en Táchira, porque todos empujaron para el mismo lado, desde la hinchada hasta los directivos, y al final todo terminó de la mejor manera”: Deportivo Táchira F.C. Campeón de la Temporada 1999-2000.

La Temporada 2007-2008 marcó el inicio de la “Nueva Era Aurinegra”, con la llegada de una nueva Junta Directiva y de nueva sangre al plantel amarillo y negro, construyendo las bases futbolísticas y de organización para alcanzar los éxitos. Luego de culminar el Torneo Apertura en la tercera posición, el Clausura fue arrollador para el atigrado: trece victorias en diecisiete partidos. En ocho oportunidades, Pueblo Nuevo colgó el cartel de “No hay boletos”, porque la avalancha de la afición se volcó para apoyar a su equipo. Luego de empatar en la ida de la gran final en la capital a un gol, en el que Villafraz fue el protagonista aurinegro con un tanto de impecable factura, permitió que una igualdad sin goles en el partido de vuelta (31 de mayo de 2008) fuera suficiente para lanzar al cielo el grito de Campeones de la mano del ídolo aurinegro Carlos Maldonado.

El siempre ídolo de la parcialidad amarilla y negra, Carlos Fabián Maldonado Piñeiro regresó a la tierra que lo vio crecer y que toma como suya, para asumir las riendas de un Carrusel Aurinegro que emprendía una nueva era de la mano de la presente junta directiva que lograba repatriar a suelo cordial, el máximo representativo del gentilicio tachirense.

Para el director técnico aurinegro de aquella gran proeza, Carlos Maldonado, la clave más importante de esta gloria estuvo en “el apoyo de la gente con tantos llenos en el estadio; además de la tremenda unión con jugadores y directivos, esto nos convirtió en un equipo muy fuerte, muy sólido al que era muy difícil vencer”.

“Teníamos muchos jóvenes del estado Táchira y otros ya eran jugadores de mucho nivel, era un equipo de bajo perfil pero la gente reconocía la entrega y lucha del equipo, éramos una familia comprometida con la tribuna”, rememora el DT tachirense, resaltando las fortalezas del plantel que obtuvo la sexta estrella.

La campaña 2010-2011 fue llena de dificultades, pero con el plus de un plantel que llevaba los colores amarillo y negro en la sangre para al final derrotar las adversidades y alzarse con un nuevo título para las vitrinas del más popular de Venezuela. Bajo el mando del prestigioso técnico Jorge Luis Pinto, Deportivo Táchira F.C. disputó un campeonato largo y difícil, que le dio el título de campeón en el Torneo Apertura, pero con resultados negativos en el Torneo Clausura. El primer round de la final enfrentó en Barinas a Zamora F.C., con victoria para el aurinegro con gol del tachirense Edgar Pérez Greco. El 29 de mayo de 2011 sería la fecha decisiva en Pueblo Nuevo, en partido que terminaría sin goles, lo necesario para sumar la séptima estrella a las gloriosas páginas de la historia de la institución tachirense.

“Teníamos un grupo brillante que asimiló todos los difíciles conceptos tácticos que yo traía, ellos aprendieron mucho y se adaptaron a todo lo que le pedíamos hacer dentro de la cancha para conseguir ese bonito título”, sentencia el estratega Jorge Luis Pinto, quien en la temporada 2010-2011 comandó el Carrusel Aurinegro para obtener el séptimo lauro de su historia.

Para el entrenador colombiano, “el Deportivo Táchira tiene una afición extraordinaria, nos acompañaban a todos los estadios, estaban siempre con nosotros dando gestos de cariño que nunca voy a olvidar”, rememora Pinto.

El 22 y 29 de mayo de 2011 se jugó en serie de ida y vuelta la fase final de la zafra, Pinto recuerda con alegría aquellos momentos que escribieron las gloriosas páginas de la historia Aurinegra: “La final fue un partido extraordinario, recuerdo que en la charla ya teníamos claro todo lo que iba a pasar; nosotros le tapamos la salida a Zamora y definimos la serie en Barinas con un golazo que finalizó Edgar Pérez Greco”.

El 17 de mayo de 2015 se escribió una nueva página gloriosa con tinta dorada sobre tapiz negro, se selló la conquista del octavo título. El trofeo de monarca de la Temporada 2014-2015 de la Liga Movistar ya puede ser lucido en las vitrinas del club más popular de Venezuela. Desde los doce pasos y desde la bota izquierda de Jorge “Zurdo” Rojas llegó la diana atigrada, suficiente para vencer a Trujillanos F.C. en el encuentro de vuelta de la Gran Final y así gritar a todo pulmón: “Campeón hay uno solo, se llama el Aurinegro, el eterno campeón…”. Daniel Farías y los suyos sí pudieron perpetuarse en la historia del Más Grande de Venezuela.

“Hemos venido trabajando, superando dificultades, sabíamos que podíamos lograrlo, siempre tuvimos la sensación que lo íbamos a lograr”, suelta el DT a cargo de la plantilla aurinegra.

“Pasas de un momento a otro, convivimos con eso, hemos podido adaptarnos y hoy hemos logrado el título que se merecía mucha gente, jugadores, cuerpo técnico, dirigencia, y sobre todo el fanático que hace mucho tiempo lo venía buscando”, confiesa el mandamás del batallón atigrado.

“Hay que darle un mérito enorme al trabajo de la dirigencia, la institución ha crecido, no es fácil lograrlo de un día para otro, pero hemos dado pasos agigantados”.

“El trabajo, el tesón, la paciencia y la voluntad de creer siempre que iba a llegar en algún momento, hemos crecido paso a paso, evidentemente creyeron hasta el final y lo lograron, son un grupo de buenos muchachos, incluso aquellos con un gran nombre son grandes seres humanos y han hecho un esfuerzo enorme para aportar el equipo”, contempla el timonel cumanés.